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Cuál
es el camino para devolver la
esperanza
El piso 9 de un hotel sanisidrino se
convirtió por unas horas en el país
ideal: allí se respiraba el respeto
por el otro. Pese a que hablaban
distintas lenguas, las personas allí
se entendían. Por tanto fue muy
fácil adoptar acuerdos. El miércoles
24 y el jueves 25 se realizó en ese
lugar la reunión preparatoria del
sexto encuentro continental de
mujeres indígenas de las Américas,
al que asistieron más de cien
mujeres andinas y amazónicas líderes
de 16 países.
La razón para que en el piso 9 de
ese hotel reinara la armonía era que
allí todas esas mujeres
eran conscientes de que tienen
problemas comunes: el racismo, la
discriminación y la exclusión que
padecen por ser indígenas y por ser
mujeres. Uno de los flagelos
actuales, que mayor preocupación
está causando a la sociedad en
general es el de la violencia. En
este punto, la catedrática
estadounidense de origen chicano
Rosalee González compartió con el
auditorio su experiencia en la
prevención y tratamiento de los
niños y adolescentes indígenas con
depresión severa, cuyo número
aumenta peligrosamente día a día, y
que se traduce en suicidios, consumo
de drogas e ingreso a las pandillas.
“Los indígenas estamos histéricos
con el alarmante incremento de los
casos de suicidio infantil. Vengo de
un congreso en el que se reportaron
tres casos en una sola familia”,
contó González. La especialista, que
dirige proyectos de intervención
psicosocial en las poblaciones
indígenas con la Universidad Estatal
de Arizona, donde labora, afirma que
esas
conductas se deben a la depresión
severa, que se origina en el trauma
histórico, producto de la
colonización y de las muchas
agresiones que han
sufrido esos pueblos. González
señala que la mayoría de niños
indígenas no sabe nada de su
historia, que es valiosa y rica,
aunque plagada de dolor. El
tratamiento para rescatarlos de la
desesperanza que los lleva al
suicidio, a ingerir anfetaminas (la
droga de mayor consumo entre sus
poblaciones) o a enrolarse en
pandillas, lo cual genera un círculo
vicioso de violencia y más dolor;
consiste en enseñarles la riqueza de
su historia, que aporta mucho a la
cultura de su país y del mundo.
“Nuestro trabajo es enseñarles a
estos niños a desaprender que ellos
son culpables de lo que les pasa y
de que este es un problema social y
global”, dice.
PREVENCIÓN LOCAL
Tarcila Rivera Zea, presidenta
del Centro de Culturas Indígenas del
Perú - Chirapaq, afirma que las
autoridades locales y regionales
deberían tomar en cuenta esos
estudios para la prevención de estos
problemas comunes.

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